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BIRMANIA Y SIEM REAP 560

Cuando me propusieron en Efímere escribir periódicamente una sección de viajes en su blog lo primero que pensé fue en tratar de explicar qué debe representar un viaje a nivel emocional e incluso físico.

Como propietario de una empresa de viajes de autor, en la que los mismos son diseñados conforme a medida de lo que nos demandan nuestros clientes, y siempre en base a nuestras propias experiencias en los respectivos destinos que ofrecemos, sabemos que un viaje supone abrir nuestros sentidos a otras formas de ver la vida. Nuevas culturas, sabores, olores, costumbres, se abren ante nosotros y tenemos que disfrutarlas en un periodo limitado de tiempo tratando de vivir estos momentos de una forma intensa, asumiendo el posible choque cultural que puedan suponer pero a la vez alejándonos de la rutina en la que estamos inmersos diariamente.

Lo que detallaré cada mes serán esos sitios especiales que no se deben dejar de ver en cada país, ya que en cada artículo igualmente puedo hacer referencia a una determinada ciudad, hotel, restaurante, o a puntos concretos como un mercado, monumento, mirador, rincón escondido, o incluso lugares muy cercanos que son casi desconocidos, puesto que se mantienen aparte de la gran masa turística y requieren ser vistos de una forma especial, apreciando detenidamente sus detalles o características especiales.

Siempre afirmo que he estado en sitios tan impresionantes que duele contemplarlos durante mucho tiempo, porque simplemente no se puede asumir tanta grandeza en su pleno detalle. Un atardecer en los Templos de Bagan en Birmania, el Gran Cañón del Colorado o en el gran Salar de Uyuni, en Bolivia, la perfección arquitectónica del templo excavado en la montaña de Kalaisha, en India, o tomarte un whisky en la cima del glaciar perito Moreno sirviéndote tú mismo el hielo de allí, son vivencias que siempre se quedan en la memoria y que espero compartir periódicamente con vosotros a través de este blog.

Si soy capaz de transmitiros sólo una parte de lo que en ese momento sentí ya habré conseguido que podáis vivir al menos una parte de esa emoción que se experimenta el viajero.  Como decía San Agustín, “El mundo es un libro y los que no viajan solo leen una de sus páginas”.

JOSE ANTONIO LIZANA TRILLO

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